201609.14
0
0

El fracaso de las investiduras. ¡Sálvese quién pueda!, de Domingo Marrero

Por Domingo Marrero

La mayoría de los análisis que se vienen haciendo desde hace algunos años sobre la dinámica política española se caracteriza por una excesiva inmediatez. Parece (y es) algo necesario, porque al fin y al cabo se trata de explicar “lo que está sucediendo”. Pero también supone una limitación, porque la actualidad termina siendo descontextualizada, impidiendo su aprehensión como parte de un proceso más dilatado en el tiempo. Y eso en realidad equivale a su desconocimiento, de la misma manera que “los árboles impiden ver el bosque”.


Intencionado o no, este problema se está manifestando muy particularmente en las interpretaciones de los acontecimientos electorales y postelectorales vividos desde el 20 de diciembre de 2015 hasta el presente más inmediato, comienzos de septiembre de 2016. Muchos comentarios están resaltando la incapacidad de los cuatro partidos más importantes para acordar la formación de un Gobierno medianamente estable. Según el color del medio, o del “analista”, la responsabilidad recae alternativamente en distintos sujetos políticos: el PP, el PSOE, Unidos Podemos, o Ciudadanos. Aunque muchos señalaron a Podemos entre enero y junio, y después al PSOE, como principales artífices de la “situación de desgobierno” que atraviesa España.

Tampoco han faltado los argumentos de índole personal. El radicalismo de unos, la bisoñez de muchos, o la desvergüenza de otros se han presentado igualmente como causantes del problema, además de la “incompatibilidad de caracteres”. Desde el 21 de diciembre, por unos motivos o por otros, o por todos a la vez, los partidos con mayor representación parlamentaria no están logrando un consenso suficiente para que España tenga un Ejecutivo con plenos poderes, y no sólo en funciones.


https://hispre.files.wordpress.com/2016/09/invesrajoy.jpg?w=353&h=481Pero hay que remontarse al 15 de mayo de 2011 para comprender mejor esta insólita coyuntura en la historia reciente de España. Como consecuencia de la crisis financiera y su gestión por el bipartito (PSOE y PP), a partir de aquel día millones de ciudadanos se movilizaron llevando a cabo protestas masivas y articulando iniciativas sociales, en favor de una enseñanza pública de calidad, de una sanidad universal y gratuita, o contra los desahucios. Fue un suceso (y un proceso) totalmente inesperado dentro y fuera de las fronteras hispanas: había nacido el movimiento de los Indignados. La mayoría de los medios y de la clase política los acusaron de antisistemas. Y no faltaban razones para hacerlo, porque no estaban únicamente en contra del Gobierno y su partido, sino también frente al orden económico y social y el régimen político (para ellos una plutocracia) que le da cobertura. Su respuesta fue igualmente acertada: “el sistema es antinosotros”.


El desarrollo de los movimientos sociales y el aumento de los actos de protesta debió causar cierto estupor entre la clase dirigente, que desató una feroz campaña de represión sobre ellos. Y destacados representantes del sistema, especialmente del PP y del PSOE, lanzaron un envite a los Indignados: si deseaban intervenir en la actividad política debían presentarse a las convocatorias electorales. Fue un reto envenenado, porque sus autores no esperaban que unos “perroflautas” tuvieran capacidad para organizar un partido político y, todavía menos, que pudieran conseguir suficiente respaldo electoral para convertirse en una fuerza significativa.


Pese a todo, los Indignados recogieron el guante. Poco antes de las elecciones al Parlamento Europeo de 2014 constituyeron un partido con que concurrieron a esa convocatoria. Sus resultados no fueron precisamente espectaculares, en un contexto de fragmentación de las fuerzas de izquierda: sólo consiguieron el 3,58% de los votos. Pero los dos componentes esenciales del bipartito sufrieron un grave revés, sumando apenas el 50% de las papeletas, frente al 82% logrado entre ambos en 2009. Para sus dirigentes esos resultados debieron ser alarmantes.


Leia o artigo completo aqui.